Relato de un caso

Escrito por Moisés Duek, Madrij de GAMP "Coaj".


Estaba en la central leyendo cuando sonó la bocina "208 tienen servicio", ese era el número de la ambulancia en la que hacía mi turno ese día. Los demás paramédicos se habían quedado en la ambulancia revisando que todo estuviera como debía con el equipo. Puse mi dedo en la hoja, cerré el libro y me paré.

—Hasta luego —le dije a la compañera que se quedó esperando su servicio.

Bajé las escaleras, abrí la puerta y entré a la ambulancia. Tan pronto me vio Dor, el otro paramédico, me dijo:

—Será mejor que guardes tu libro —y me pasó mi mochila.

—¿Por qué? ¿Acaso el servicio es muy cerca? —pregunté mientras hacía lo que me pidió.

—Sí, es cerca. Pero además nos reportaron que es un servicio de RCP en el centro comercial: no entres en pánico —entonces noté que el operador conducía muy rápido— De cualquier forma no podemos saberlo hasta que lleguemos. ¿Has tenido otros servicios de RCP?

—No —¿Has dado compresiones? —Solo a maniquíes.

—Solo escúchame a mí y a Dudu — (nuestro jefe de brigada).

No iba a entrar en pánico, había estado varios años preparandome para un servicio de RCP. Sí, estaba nervioso, pero también de alguna manera sentía que todos los años de esfuerzo que había practicado podrían ahora servirme para ayudar a un paciente.

—Un caso de RCP puede ser sensible —continuó— si así lo quieres podemos hablar al respecto al finalizar.

Tras unos momentos de silencio, mientras seguíamos moviéndonos hacia el centro comercial con nuestro operador manejando rápido y tocando la bocina a todos los autos que se ponían en frente, le pregunté a Dor si necesitaríamos todo el equipo. Asintió con la cabeza en un gesto breve y dijo:

Después de preparar todo sobre el carro camilla llegamos, bajamos de la ambulancia y puse el Lucas en mi espalda como una mochila. Fuimos hacia el elevador y presionamos el botón para la quinta planta. Subimos a una clínica del seguro anexa al centro comercial y entramos a uno de los cuartos, encontramos al hombre consciente y sentado sobre la cama.

—¿Lo ves? Te dije que sería un síncope —le dijo Dudu a Dor discretamente.

El hombre tenía poco pelo blanco y una cachucha, por el aspecto de su piel parecía que tenía alrededor de 50 años. Dor y Dudu conectaron el monitor mientras yo preparaba el carro camilla para llevarlo a la ambulancia.

—¡Hey! ¡Es un Lucas! Déjame ver cuánto pesa —el enfermero de la clínica estaba emocionado.

El traslado al hospital fue como cualquier otro: el hombre tenía una bolsa para vomitar, el monitor estaba conectado y tomando los signos, todos nosotros estábamos tranquilos.

Pocas semanas después terminó el programa: estuve trabajando con MDA tan sólo dos meses en Israel, pero fue suficiente para notar la abismal diferencia entre los servicios médicos israelíes y mexicanos.

Todo lo que había vivido en GAMP “Coaj” me había ayudado a tomar la decisión de ir al programa de MDA y seguir experimentando y practicnado lo que es dedicarse a los primeros auxilios para poder ayudar a otros. Al volver empecé a cubrir con GAMP “Coaj” como voluntario en Protección Civil Cuajimalpa. Con esto fue posible para mí poder aportar también al ámbito prehospitalario de México, relacionarme con gente que se dedica en su día a día a ayudar los mexicanos en cualquier emergencia y accidente. Pude percatarme de algo sorprendete y positivo que es que las personas que trabajan dentro de los centros médicos realmente están viendo por el bienestar de las personas.

Después de vivir y pensar lo anterior me percaté de que me da gusto formar parte del sistema de salud y saber que puedo hacer algo para mejorar algunos detalles y poder contribuir en la formación de un mejor país.


Marzo 2018

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