Entrar a hogares ajenos…
- Grupo de Apoyo Médico Prehospitalario COAJ
- 19 jun
- 2 Min. de lectura

Hay muchas cosas que amo de ser paramédico, pero una de ellas, aunque pueda parecer insignificante, es entrar a hogares ajenos.
Un hogar es un lugar sagrado. Es un punto de reunión, de comodidad, de seguridad. Es donde guardamos nuestras cosas, donde dormimos, donde pasamos tiempo con nuestros seres queridos, donde crecemos y vemos crecer a nuestra familia. Entrar al hogar de una persona es entrar en una parte muy íntima de su vida.
Desde que tengo memoria, mi mamá siempre ha insistido en que tengamos la casa ordenada y recogida cuando invitamos a gente. “Vernos bien. Presentables”. Pero en emergencias no hay tiempo para esconder las imperfecciones ni para decidir la imagen que queremos dar a los demás. Lo que hay es lo que hay: la vida en su forma más cruda. Probablemente estás entrando en lo que podría ser el peor día de sus vidas, y si no el peor uno muy malo. Es entrar a un caos, a un momento complicado, es conocer a las personas realmente por lo que son.
Como paramédico entrado a hogares de diversos niveles socioeconómicos, en distintos barrios, que viven en distintas realidades de vida. He entrado a casas en silencio, con la tensión flotando en el aire. He entrado a mundos caóticos y llenos de gente. A veces solo hay un niño llorando, o un perro ladrando, o un viejito temblando de miedo, o una hija intentando limpiar el caos mientras te ruega ayudes a su madre. Durante todo ese caos, en la ruptura de su vida normal, el hogar sigue contando la historia de la familia que vive ahí: los adornos, su baño, su recámara, sus fotos colgadas en la pared, los muebles, los dibujos de los niños en el refri, la comida en la cocina, los platos no lavados en la tarja, el olor a comida de pájaro. Son fragmentos de una vida que dan a entender a quién tienes enfrente. Todo habla. Son pistas. Dice quiénes son, qué valoran. Mucho más que las palabras del paciente o de testigos. Mucho más que los signos vitales.
¡Y qué fácil es ignorarlo! Qué fácil es simplemente ir al paciente y revisarlo, como un paciente más, sin entender su contexto o verlo como algo relevante… y que error tan grande, porque como paramédicos no tratamos diagnósticos, sino personas, con temores, vínculos, historias… Armar ese rompecabezas es parte de nuestro trabajo, aunque no lo diga ningún manual. Saber eso no cambia el procedimiento técnico, ni el tratamiento quizás, pero sí cambia la manera en que lo aplicas.
Esa es la belleza de entrar a un hogar ajeno: es ser testigo, aunque sea por unos minutos, de una vida. Es conocer la vida por la que estás luchando, y poner tu huella en intentar regresarla a la normalidad.
Los hogares cuentan historias.
Y yo estoy agradecido de poder escucharlas.
Escrito por Mark Slovik, director en GAMP Coaj A.C.
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